
Shenarian (Cuento por Calibre X, 2004)
Julio 8, 2008(Segunda entrega del Fanfic organizado por el foro de Nippur de Lagas. Esta vez el autor Calibre X -¿conoceremos su verdadero nombre?- relata la historia de Shenarian, hija de Hiras, hijo de Nippur. La historia comienza en las cercanías de la ciudad de Lakar).
Shenarian
Esa nube de polvo que se viene acercando solo puede significar una cosa; un jinete al galope. Mis ojos de mendigo han visto esas polvaredas durante tantos años que ya puedo decir cuantos son antes de ver como se dibujan los perfiles a medida que se van acercando.
A ese paso estará acá cuando llegue la noche.
No es extraño ver jinetes mas aún con el viento del norte que solo trae gritos de guerra. Esta tierra no ha terminado de asentarse desde que los últimos ejércitos pasaron, cuando ya se preparan otros. Soy un mendigo de la ciudad de Lakar, la hermosa Lakar. A veces me siento un poco dueño de ella, es una de vanidad de quien nada tiene. Lakar, mi ciudad.
Y Lakar es ahora un bocado mas para Ubar Tutu.
Ubar – Tutu, el Rey de las dos Coronas, quiere Lakar, como ya lo hizo con Sippar y Shuruppak. Solo el Rey-pastor Dummu-Zi se le opone, pero es tan poco lo que puede hacer que ya sabemos lo que pasara. El Rey tiene amigos, es un hombre justo y muchos de ellos han venido a apoyarlo. El pueblo no quiere más guerra, solo algunos sabemos que peor que nuestra miseria seria ser vencidos y esclavos. Dummu-Zi lo sabe, el ha sido pastor, y ahora es un guerrero por las circunstancias. El no lo ha elegido, pero va a enfrentarlo.
La joven se acerca. Si, es una joven. Mis ojos viejos también saben distinguir cuerpos al galope. No va a llegar a la ciudad esta noche. Tendrá que hacer una parada para que descanse su caballo, así que pondré el fuego. Y esperare.
Desmonta. Es alta, el casco de cuero oculta sus cabellos pero aun se nota en su rostro que hasta hace poco era una niña ¿qué la trae por acá?
- Que Samas te cuide anciano. ¿Me permites compartir tu fuego y tu comida a cambio de mi vino y mi queso?
- Samas te de salud jovencita. Acércate, soy viejo y me gusta escuchar historias de otras regiones, trae tu queso y tu vino y siéntate al lado del fuego, las noches acá en Lakar son especialmente frías.
La veo acercarse con cautela y me doy cuenta de que sabe manejar el arco, esta a sus pies y su carcaj a la mano. Le bastaría tener un indicio de peligro para atravesarme sin mas. Me rió, no lo puedo evitar. Ella se da cuenta y retira el arco con una sonrisa delgada. Niña buena y confiada.
- ¿Tu has sido guerrero?-me pregunta con curiosidad-
- Si, joven, he sido guerrero, he sido herido mutilado y ahora soy anciano y mendigo. Pero no olvido como ser un hombre.
- Perdona anciano, no quería ofenderte.
- No lo has hecho. Come, debes estar cansada. Hablas como la gente del Sur. Tu caballo no esta acostumbrado a los pedregales de Lakar.
- Si, vengo del Sur. Soy de El Etur.
- El Pueblo de los Libres. -Mi memoria hace un largo viaje hacia atrás- Si…lo conozco. Yo he pasado por ahí hace mucho. La Madre curo mis heridas, cuando intentaba regresar con los míos después de una batalla, hace tiempo, tanto tiempo.
- La Madre era mi abuela -ahora soy yo quien nota tristeza en su voz- falleció.
- Lamento escuchar eso. Pero tu eres su nieta y eso es suficiente par mi. Considérame tu siervo. Ella me curo y me atendió. De no ser por ella no tendría vida, y aunque miserable, es una prenda muy querida por mi.
El silencio que sigue me hace apreciarla mejor. Sin duda es nieta de La Madre. Tiene su porte, pero sus facciones son mas finas. Noto también mas músculos, extraños en una mujer por muy joven que sea, así como las muñequeras de cuero para que no le tiemble el pulso al disparar. Debe de ser una excelente cazadora. Decido romper su silencio
- ¿Y que te ha traído a Lakar? Esta ciudad pronto estará siendo atacada.
- Mi abuela me dijo que viniera. -agrega muy seria- Tengo que encontrar a alguien.
- Joven guerrera, soy muy viejo y es poco lo que se de hombres y destinos, pero quisiera saber a quien buscas, a lo mejor lo conozco y así podría ayudarte y pagar en algo la deuda de vida que tengo con tu abuela.
- Su nombre es Hiras. Hijo de Nippur. Príncipe de Lagash
- Tu buscas al demonio -no pude evitarlo- ese nombre provoca admiración y odio. Si, así le dicen. No te sorprendas. Muchos nombre tiene ese demonio pero ninguno de ellos lo digo sin respeto. Es un gran guerrero. Probablemente el mejor. No tiene la tolerancia ni la paciencia de su padre y eso lo hace mas letal aún. Lo he visto reír en medio de las batallas, y su risa provoca fervor en sus hombres. Estos se dejarían matar antes de caer bajo su cólera….pero lo aman… es increíble que alguien pueda ser tan cruel y tan admirado ¿qué historia es la tuya que te obliga a seguir el rastro de Hiras?
Se ríe, y su risa es un una cosa digna de disfrutar.
- Mi nombre es Shenarian. Antes de morir mi abuela me contó una historia que solo se escucha en el Consejo de Ancianos. Ella sabia que se estaba muriendo y me mando llamar. Al verme se sentó sobre su cama, y la vi ya no con los ojos de niña deslumbrada por su personalidad, sino con el cuerpo marchito y comido de soles y años pero lleno de amor. Me pidió que me acercara y toco mi rostro, ella ya no veía como antes. Me pidió que sacara a la gente que estaba en el cuarto…las criadas, las esclavas, que eran como hijas para ella, los ancianos y sacerdotes… La Madre quiere que se retiren, les dije, cumplan su voluntad. He aprendido a mandar por que ella insistió en que debería hacerlo. Ahora me alegro de saber como. Recuerdo el olor de los cuerpos que se va disipando mientras veo su rostro de ajado y amable serenarse al tener mis manos entre la suyas. Me pregunto si no había nadie mas. No madre, le dije, no hay nadie mas. Me pidió que me sentara a su lado y me toco el rostro, los soles le habían ido quitando la vista poco a poco. Solo podía adivinar sus pensamientos tras esa mascara de años. Ella daba gracias a los dioses por dejarla vivir hasta ese momento y yo le mentí. Si anciano, yo le mentí. Le dije que ella iba a cargar a mis hijos en cuanto conociera al hombre apropiado. Ella rió, rió como cuando era joven y me pidió que no mintiera más por que soy muy mala al hacerlo. Reímos. Reímos mucho, pero ella me llamo para contarme esa historia y yo la escuche:
“Antes de ser La Madre, yo era una joven algo mayor que tu, mi nombre era Narin, y era esclava, como muchas de las mujeres que forman el consejo, o algunas de las ancianas que te daban dulces y te cuidaban cuando eras una niña corriendo por el pueblo. Somos las más viejas y las que sabemos todo lo que paso. Ser esclava no es un destino bueno, pero es mucho peor cuando estas destinada a ser parte de las posesiones de un ser como Nasrudim, el Egipcio. En sus manos éramos menos que perros y el disponía alegremente de nosotros. (Recuerdo dureza en su rostro… recuerdo una mueca de asco. Debió de ser algo muy cruel lo que vivió) Hasta que decidimos huir. Nosotras, los hijos que no deseamos en las manos y algunas, como yo, los llevábamos en el vientre. Y caminamos por el desierto, algunas murieron en el camino. Nosotras cargábamos con sus hijos y seguíamos adelante. Hasta que llegamos a las puertas de madera de El Etur. Los hombres nos acogieron en su pueblo. Algunos no solo cuidaron de nuestras heridas, sino que nos ayudaron a olvidar y nosotras, las descastadas, las esclavas, veníamos a ofrecer el amor que nos quedaba a esta ciudad con las cosas que habíamos aprendido en los palacios.
Y la ciudad creció. Y con ella creció Shenar, mi única hija. Tu madre. Era la alegría de mis días. Creció bien, como tu ahora, tenia tus ojos y tus facciones como creo que deben ser…
Un día vimos llegar a lo lejos a un joven de cabellos rubios, a pie. Y sobre su caballo, atravesado, otro joven que debía de estar herido, hasta ese momento no sabíamos cuanto. Un grupo de hombres y algunos de los Ancianos fueron a darles el encuentro. Los trajeron en un estado lamentable. No entendimos lo que el caminante decía, solo nos fijamos en sus ropas y en su cansancio. Debían de ser muy amigos para que uno no lo dejara al otro en el desierto con las heridas que tenían. Los instalamos en mi casa, ya que si algo aprendí muy bien es a curar y tu madre me ayudo. El caminante se llamaba Inamin. Ese día solo nos enteramos de su nombre, ya que no dijo nada más.
Lo entendimos cuando empezó a hablar en el dialecto del Norte una vez repuesto. Su fortaleza era terrible aun convaleciente. El otro era un hermoso muchacho de cabellos rojos que deliraba en su fiebre. Tenia heridas terribles, algunas muy viejas, otras, las mas peligrosas eran recientes. Estuvo varios días delirando y ni Inamin ni tu madre se movieron de su lado hasta que descanso sin pesadillas. Así fue como Hiras conoció a Shenar cuando abrió los ojos. Tu madre lo cuido y lo alimento, le metía la comida a la fuerza y lo ataba la cama para que no se levantara de ella, mientras Inamin reía. Pronto el joven de cabellos rojos también empezó a reír. Pasaron los días; Inamin, ya mas repuesto contó a los Ancianos que es lo que paso con ellos en el desierto, y lo que escuchamos nos dejo preocupados.
Inamin nos dijo que tanto él como Hiras se dirigían a Lagash y se cruzaron con una partida de mercenarios que quiso sorprenderlos. Pero ellos los rechazaron sin embargo el grueso de la partida los alcanzo, y los apreso no sin golpearlos terriblemente, eso lo intuía ya que Inamin parecía no mostrar mucha importancia a eso detalles. Lo que si lo ensombreció fue hablar del jefe de los mercenarios, de Nasrudim. Estuvieron en su poder dos semanas y las torturas fueron inimaginables.
Y, al igual que nosotras consiguieron escapar, pero llevándose algo mas. Inamin abrió su alforja y en ella estaba la mano de Nasrudim. La reconocí por el anillo. Y no solo yo, sino las que estábamos en la reunión ahogamos un grito. El consejo hablo de la venganza de Nasrudim e Inamin rió. Y su risa fue secundada por la voz de Hiras, llego apoyándose en tu madre a hablar al Consejo. El Etur debía pelear ya que tarde o temprano el perro llegaría a encontrar esta ciudad y la arrasaría. Nasrudim debe recuperarse y eso le tomara tiempo, tiempo que podemos usar para armarnos, entrenarnos. Yo me opuse. No quería mas sangre, sin embargo el hecho de ver la mano me trajo recuerdos horribles…pero el golpe definitivo, lo que me hizo odiar al joven de la sonrisa arrogante y los ojos salvajes me lo dio Shenar, mi hija.
Mi propia hija apoyaba las palabras de ese demonio de cabellos rojos. Tu madre a su corta edad fue escuchada por el Consejo y sus palabras hablaban de recuerdos que aun a muchas y muchos nos dolían, eso definió todo. Los dos lobos entrenarían a los hombres para poder enfrentar a los perros. Me retire odiándolo y maldiciéndolo. Me retire llena de rencor contra ese joven que no solo había robado a mi hija de mis brazos sino que nos empujaba a aquello de lo que habíamos escapado. Shenar me vio y me quiso hablar. Yo no la deje decir palabra. Me refugie en mi casa llorando mi rabia. Los días pasaron y los hombres y algunas mujeres eran entrenadas por este demonio y su amigo. El Etur se defendería. Se cavaban zanjas, se ocultaban trampas y se fabricaban y repartían armas. Un pueblo contra mercenarios tiene la ventaja de saber que pelean por algo mas que botín y esclavos.
Los veía hacer y no dejaba de admirarme, pero mi odio seguía en el corazón. Y ella siempre con el. Me percate de que ella tenia una mirada que he visto antes en todas las jóvenes a las que ayude a parir. Y mi odio fue demasiado. Shenar no me miro. Y eso me dolió mas aún
El día llegó, un joven llegó corriendo informando sobre la aparición de los mercenarios de Nasrudim, con el a la cabeza. Hiras tenia un arco hecho por el mismo, si, ese que tu tienes, lo hizo el mientras se recuperaba con ayuda de tu madre. Se planto en una de las casa cerca del muro con su carcaj e Inamin hizo lo mismo. Nasrudim mando mensajeros a pedir que entregáramos a los dos jóvenes a cambio de no destruir la ciudad. El pueblo los corrió, pude escuchar las risas de los demonios en lo alto de esa casa. Nasrudim ataco, y su furia le hizo cometer errores, fue una batalla corta. Las flechas del demonio eran certeras. Las trampas hicieron lo suyo y el pueblo lo demás. Cuando los pocos mercenarios lograron llegar a la puerta, Inamin bajo para pelear. Nasrudim no huyó, desmonto y se acerco a la muralla. A cada paso que deba una flecha del demonio de ojos helados le arrancaba un poco de vida pero no lo mato hasta que llego a las puertas y su cuerpo parecía mas el de un erizo que el de un hombre. La ultima flecha si lo atravesó.
Fue un canto a la crueldad de ambos. Uno por que se lo merecía, el otro por ejecutarlo de esa manera. Los mercenarios se retiraron como pudieron en cuanto vieron el cuerpo roto y atravesado del egipcio. El pueblo se alegro, todos menos yo. Creo que en ese momento comprendí a Hiras mas de lo que el cree. Y entonces empezó lo que era lógico en una batalla…recoger a los heridos y llorar a los muertos. Tu madre estaba entre los primeros, me la trajeron herida, con una terrible herida en la cabeza que atravesaba su rostro, había estado en la defensa de la puerta. Y note la redondez de sus caderas y sus pechos crecidos. Note la vida que surgía en ella. La tuya. Y tuve miedo. Hiras fue a ver los heridos apenas se entero, nadie puedo detenerlo No llego hasta donde estaba tu madre, me encontró antes. Nos vimos frente a frente y le dije que Shenar, mi hija, acababa de morir pronunciando su nombre.
Lo hice con todo el odio que tenia contra ellos. No dijo nada. Se aparto de todos y se corto un mechón de cabellos. Estuvo durante los funerales. Y dejo el arco en la casa que ambos ocuparon. A los 6 días se marcharon. Shenar despertó al décimo día. El golpe que recibió fue terrible, no podía articular palabra, lloraba y reía con frecuencia. Yo tenia miedo de que tu nacieras mal, pero no fue así. Naciste sana, y tu madre te amo hasta su ultimo día. Tu eras todo lo que la ataba al mundo real. Me aprendí la canción que te cantaba para hacerte dormir, era lo único coherente que decía. A los dos años ella murió y te cuide como si fueras mía. Y el pueblo entendió mi dolor. Y lo respeto.
Yo también respete a ese hombre que me arrebato a mi hija, no quería que se quedara por ella en ese estado. No espero que lo entiendas. No aún. Y tu creciste, y aprendiste a caminar, a correr y a cazar. El arco que te di para que salieras de caza por primera vez era el mismo que uso tu padre. Y se que lo usas muy bien. No me odies, hice lo que creí correcto pero también se que necesitas saber quien eres. Eres hija de Hiras. Y debes ir a encontrarlo. Dile de donde vienes, y muéstrale esto. Es sabrá reconocer que es lo que hay en ese cofre. Ahora déjame, quiero estar con mis recuerdos antes de dejar este mundo. Pero antes perdóname por lo que hice”.
- ¿La perdonaste? – el silencio que sigue a mi pregunta me hace apreciar mas a esta joven y su historia- ¿ Pudiste perdonar a La Madre por eso?
- La bese, la bese mucho y muy fuerte, mas por decirme la verdad que por el hecho de ocultármela tantos años. Si anciano, la perdone. Ella me crió, yo apenas recuerdo a mi madre…en cambio a ella la tengo muy presente. Ella me dijo que viniera a Lakar, que debía empezar mi búsqueda aquí y no en Lagash.
- Hija de Hiras – sigo admirado de esta joven – es un titulo casi increíble.
- No es así -adivino su risa arrogante en la oscuridad- soy Shenarian, del Pueblo de los Libres, ese el único título que me interesa. ¿Puedes ayudarme en mi búsqueda? ¿Me dirás donde puedo encontrar a Hiras?
- No estas mal encaminada, en la mañana llegaras a Lakar. En el palacio están muchos amigos que apoyan al Rey, entre ellos Hiras, su hermana la reina Oona, Inamin y sus 200 -los mejores guerreros del sur del Elam- también estará Dummu-Zi , ya que él es el rey que los ha congregado. No puedes perderte. Pero no te será fácil llegar hasta el.
- Me lo imagino. Si no te molesta, pienso dormir un rato, estoy cansada.
- Descansa, que Samas te guié en un sueño reparador.
Shenarian duerme ahora, yo velo su sueño. La veo y en sus sueños puedo ver que extraña su pueblo y a su gente, adivino su miedo ante lo que la espera y aun así continua. El amanecer me sorprende dormitando y a ella preparando su montura.
Me deja su vino y lo que queda de su queso. Me pide mi bendición para este día mientras besa mi mano. Sobre su montura y la luz del sol es mucho más hermosa Shenarian.
Se despide con una sonrisa y se quita el casco de cuero para recibir al sol.
Una lluvia de cabellos rojos baña su espalda.
De lejos solo puedo hacerle un gesto de adiós y rogar a Samas por ella.
FIN
Autor: Calibre X.
FANFIC: 2º Cuento publicado – Shenarian