
El hombre de los mil caminos (Cuento de Ayante Telamonio, 2004)
Julio 8, 2008(Cuarto Fanfic de Nippur de Lagash. Aqui su autor, Ayante Telamonio, nos cuenta el relato de Izaras en un singular diálogo con un desconcido que no da a saber su nombre).
El hombre de los mil caminos
Mi nombre es el tuyo. El de tus hermanos, tus padres y de aquellos que han sabido quererte en esta vida. Mi nombre puede ser cualquiera. Y no sería más que una mera anécdota, de no estar tú ahora leyendo este relato, que cobra sentido ante la lectura que de él estás haciendo.
Deambulo sin cesar por miles de senderos olvidados. Cansado ya de luchar, y ser víctima de los delirios de algunos hombres de oscuras intenciones
En un recodo del camino, después de mucho andar, una tarde tropecé con un hombre sentado sobre el suelo. Sus manos y piernas mostraban huellas de la guerra, así como su rostro, que era una masa informe cruzada de cicatrices. Sin saber porqué, me detuve a compartir con el lo poco que llevaba en mi vieja bolsa: queso, algunos dátiles y un poco de carne seca.
Agradeciéndome, respondió:
- Los dioses bendigan tu gran misericordia, viajero!
- Y a ti la compañía que me brindas. ¡Sírvete cuanto gustes, pobre hombre!
- Tu hospitalidad me recuerda viejas historias, que ya creía enterradas en mi memoria.
- ¿ Cuál es tu nombre y cuáles son esas historias?
- Mi nombre es Izaras, y lo que voy a relatarte ocurrió hace ya muchas primaveras.
Vengo de una familia de pastores, cuyas ovejas pacían en las laderas de las montañas y en las anchas y extensas llanuras.
Era joven cuando partí hacia la guerra, y aprender el uso de las armas fue duro para mí. Con el paso del tiempo me endurecí; y dominé espadas, lanzas y cuchillos. Mis brazos eran fuertes y tensaban fácilmente la cuerda del arco. Muchas fueron las veces en que mi fiel espada bebió la sangre de hombres injustos y crueles.
Eran otros tiempos, y yo no era entonces el despojo que hoy tus ojos están viendo.
- ¿Cuáles fueron los lugares en los que peleaste?
- Participé en muchas guerras. En Sumer, Egipto, en la Hélade. Recorrí mares y montañas, selvas y desiertos. Siempre a las órdenes de un gran general y legendario guerrero, antiguo príncipe de Lagash y mas tarde señor de los caminos.
- ¿Acaso estás hablando de Nippur, el hombre de Lagash?
- Del mismo. ¿Lo conociste?
- ¿Quién no ha escuchado hablar de él? Necio es aquel que niegue conocer de su existencia.
- Pues bien, a ese hombre debo mi vida, la cual no es motivo de envidia para nadie, pero sólo el hecho de haberlo conocido la justifica sobradamente.
- ¡Cuéntame, Izaras!
- El era un hombre justo y honorable, que rendía culto a la amistad, y no existió nunca riqueza alguna, capaz de comprar su voluntad.
Sus amigos éramos pocos, pero juntos escribimos las mejores páginas en la historia de estas tierras. Una historia de valor y coraje, que mostraba nuestro real temple y la fibra de la que estábamos hechos.
- ¿Qué fue entonces lo que sucedió?
- En una de esas cruentas batallas, cuando iba yo a ser atravesado por una lanza, Nippur salvó mi pellejo, matando con su espada al soldado que intentaba acabarme. A partir de entonces fue que nos hicimos amigos, y no hubo momento en que no compartiéramos algo, fuera la gloria o la derrota.
- ¿Y luego?
- Los años pasaron, y su gran sabiduría daba muestras de crecer cada día más.
El rey Luggal – Zaggizi había puesto un alto precio a su cabeza, y eran muchos los hombres ávidos de hacerse de aquella gran fortuna. El, en tanto, no mostraba gran preocupación, encargándose de sus perseguidores cual si se tratara de simples insectos.
En una oportunidad me invitó muy serio, a que considerara la idea de alejarme de su lado.
Según él, era demasiado joven para morir, a manos de asesinos que solo buscan oro con olor a sangre.
- ¿Lo abandonaste?
- ¡Por supuesto que no! Sus palabras fueron entonces como un zumbido de moscas en mis oídos, y quienes me conocieron saben que abomino de esas criaturas aladas.
Su muerte pues, no iba a encontrarlo lejos de la mía, ya que estaba dispuesto a abrazarla, defendiéndolo.
- ¡Debes haberlo apreciado grandemente!
- ¡Ya lo creo! Es extraño encontrar hombres de tal valía. Mis pies estaban atados en esos tiempos al polvo de los caminos, y eran la sombra perpetua de los suyos. Jamás hubiera podido, a pesar de su insistencia, cambiar mis ideas.
- ¿Por mucho tiempo lo acompañaste?
- Nuestros años transcurrían sin descanso. No sabría decirte cuantos.
Fueron muchos los viajes, las luchas y los amores pasajeros, que no nos anclaban a ciudad alguna. Luego, la vida nos llevó por distintos caminos. Yo, seguí mi marcha por las tierras de Elam, a las órdenes de su viejo amigo, Ur – El. Nippur, continuó vagando por muchos territorios. Hoy, ignoro que ha sido de él.
- ¡Has tenido una vida rica en historias, buen hombre!
- Ahora, me ves mendigando a la vera del camino, pero en otros tiempos conocí la gloria y los honores. Eramos jóvenes, hermosos y valientes. En mi caso, nada queda ya de ello. El río del tiempo ha recorrido grandes distancias y hoy solamente espero que me lleve la dulce muerte, pues estoy muy cansado ya.
- ¡Los dioses te acompañen Izaras!
- ¡Lo mismo digo viajero, pero… aún no me has dicho tu nombre!
- ¡No tiene gran importancia! Mi nombre es el de aquel que lea estas palabras, y las relate a los suyos, haciendo que tu historia continúe viva en el polvo de los caminos.
- ¡Adios, hombre sin nombre!
- ¡Adios!
Así diciendo, el caminante tomó su morral y emprendió la marcha, dejando la compañía del viejo guerrero.
Hoy, Izaras es un despojo mutilado, sucio y solitario.
En otros tiempos, supo ser amigo de un hombre, hoy convertido en leyenda.
Un hombre llamado Nippur de Lagash
Autor : Ayante Telamonio
FANFIC: 4º Cuento publicado : El hombre de los mil caminos